No vuelvas

Hay lugares a los que mejor no ir a comer. Bueno, ni a nada.
De verdad. Y no me refiero a lugares poco agradables o donde la comida te defraude; o el camarero te trate mal; o pases frío; o la mierda de música que nadie se ha esmerado en escoger te moleste. No, me refiero a lugares donde ocurre todo eso junto y, encima, no parece molestar a nadie.
En el siglo XXI, a diferencia de las fondas de Dickens de las que cualquier buen cristiano salía con chinches, los restaurantes indecentes no son cutres ni reflejan la miseria de sus dueños. Son locales pintados en blanco y turquesa, con ristras de bombillas vintage y espejos con marco rococó que reflejan la miseria de la clientela. Acude ufana esa clase aborregada que por un precio que puede permitirse recibe la ilusión de ser prósperos hijos de la sociedad del bienestar y consumo. Que lo que realmente se lleva sea de calidad inferior, parece no percibirse.
Me imagino al dueño y al gerente o al manager —que ahora todos lo somos de algo—, tomando decisiones: ‘¿Cuánto vamos a pagar a los camareros? Pues una mierda ¿y al encargado? Pues una mierda y media’ ;’Me da igual que no se le vean los ojos y lleve un piercing en el diente. Dile que la orientación al cliente no es un extra del coche’; ‘De cocinero ponemos a mi amigo Federico que es argentino como yo’; ‘ La bomba de calor lleva dos semanas averiada, si acaso mañana llamo’ ;‘al del café, dile a ver si cree que estamos en Italia. Que nos traiga el de siempre, el café de mierda”; ‘mira qué ideaza, tengo la cabeza como un faro, en las estanterías ponemos Comprar prensa? Ni lo sueñes, nuestros clientes no saben leer’.
El encargado Luis Felipe, se vendrá arriba con una ideaza a que le arde en la cabeza como el faro de Alejandría: “Jefe, y los libros de decoración—La era de los impresionistas, este alemán sobre los monumentos de Roma—¿los vaciamos y dejamos solo los lomos? “ Y el ahí es cuando el manager se encara y dice ‘no te pases de listo, Luis Felipe, y ve a contar platos. A ver si todavía, te voy a mandar quitar la mierda y media de sueldo’
Hay lugares, prósperos y exitosos, que enriquecen a sus dueños y empobrecen el mundo, que son indignos desde las raíces y en los que conviene no dejarse caer porque, a no ser que la tengas blindada, te apaga la alegría de vivir.
Vaya mierda de comida que me han dado.

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