Instintos

Estoy en el del aeropuerto, salidas, puertas C, sentada en una mesa-mostrador de esas tan características de McDonald’s. De reojo, sin prestar atención, veo a la empleada que limpia, trajinando a mi alrededor. Se me acerca —¿a mí? Qué raro—, aquí viene. Me pongo en guardia. Mis instintos cavernícolas me yerguen y me erizan el vello de la nuca. Una idea loquísima centellea en mi mente: esta mujer, cansada de su vida descarriada, se ha levantado hoy dispuesta a no tragar más mierda y se dirige a mí para increparme, para decirme a ver qué es eso de llenar la mesa de patatas fritas y trozos de servilletas, que a ver si no me han enseñado modales  de pequeña. Inspiro y afronto mi destino. La miro a los ojos.

Mis instintos cavernícolas me yerguen y me erizan el vello de la nuca

Me sonríe con calidez —¿a mí? Qué sobresalto—. El instinto de supervivencia me proporciona, al instante, otra teoría con la que anticiparme: la empleada me está confundiendo con alguien —¿una prima de una amiga?— y me va a saludar afectuosamente. Además, por encontrarnos en este océano de extraños que es el aeropuerto, hasta me va a dar dos besos. Empiezo a pasar pena porque ella pase pena cuando se dé cuenta hasta que se impone la fina voz de la civilización: conseguiremos reírnos de la anécdota, seguro. Entonces, ya más tranquila, le devuelvo la sonrisa.

Resulta que la empleada ni me riñe ni me conoce. Me mira como pidiendo disculpas. La sonrisa se ha vuelto un poco cortada y balbucea: ‘¿Le interesaría em… participar en…em…con…un bolígrafo solidario a…em…?’ A media frase, ya he oído suficiente y le digo que no agitando una patata frita entre nosotras. Sonriendo, eso sí. Con esa mueca que tanto sirve para hacernos los corderillos como para dejar claro que, en un eventual momento dentelladas, nuestros dientes están en plena forma.

Hoy como ayer, somos animales agresivos. Ayer fue la jungla y hoy el aeropuerto. Andamos con los reflejos a punto y la cabeza loca, procesando datos, anticipando movimientos, que nos salven la vida. ¿Que no? Vaya que sí. Son cientos de miles de años sobreviviendo. Ya lo decía la Pantoja: “Dientes, dientes”.

Puntuación: 5 de 5.

2 comentarios en “Instintos

  1. Anónimo -- — --

    Me ha gustado mucho!

    Le gusta a 1 persona

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